jueves, 9 de octubre de 2008


Plan Integral de Formación y Educación Sexual en competencias emocionales, principios y valores.

Diego Galarza R.

Un acercamiento Antropológico, Psicológico y social

hacia una visión integral y humanizante

de la educación sexual.

Cuadro de texto: www.centroshadai.com dgalarza@centroshadai.com  593-2-2450402 - 092739619

FORMACION SEXUAL EN LIBERTAD

A. Introducción.

La SEXUALIDAD, así escrita en mayúsculas, es el tema central de esta propuesta.

Mucho se ha escrito, investigado y discutido sobre el tema, sin embargo la Sexualidad se presenta como un tema vasto y dinámico, que los educadores, psicólogos, médicos, hombres y mujeres, en fin, todos los que conformamos la sociedad vamos redescubriendo, ampliando y evolucionando en nuestro conocimiento, entendimiento y saber sobre este tema.

Gran parte de la literatura pertinente, parte de enfoques y paradigmas muchas veces parciales. Para la realización de este proyecto hemos tratado de comprender la Sexualidad Humana no sólo desde el enfoque de la psicología, o la medicina, o la sociología, o la ética, o la moral, o la religión, etc. Sino de todos ellos más uno muy importante, la definición Antropológica de PERSONA HUMANA.

Me detendré aquí un momento, para superar la ya tradicional forma de abordar la Sexualidad, desde una perspectiva puramente psicológica.

Tradicionalmente “la sexualidad” se ha enfocado como si se tratase de un “problema en sí mismo”.

Por eso se habla de la sexualidad como “algo” que se sitúa delante del observador y que luego de estudiarlo se puede aplicar reglas a la realidad de cada uno. Esta es la perspectiva más “científica”.

La afectividad puede considerarse desde esta perspectiva, algo general, normado y regido por “lo común”

Los defensores de este enfoque psicológico, estudian la sexualidad en sí misma, todos los fenómenos de la sexualidad, la experiencia sexual, las desviaciones de la sexualidad, etc. Sin olvidar la fisiología, las sustancias, las reacciones y hasta las técnicas que “enriquecen” dichos programas y enfoques.

El 99% de la literatura sobre educación sexual es de tipo psicológico

La perspectiva antropológica centrada en LA PERSONA HUMANA y su dignificación funciona al contrario:

El interés no es mirar la afectividad en sí misma, sino tratar de reflexionar a la Persona en su existencia concreta.

La antropología de la afectividad responde a estas preguntas:

- Qué significa ser Persona?

- Qué significa para la persona vivir una existencia afectiva?

- Cómo vive el hombre su existencia, de manera que pueda decir que ama a los otros?

La importancia de la antropología de la afectividad está en que permita comprender la existencia personal, que es una perspectiva muy diferente a la perspectiva psicológica.

En una perspectiva antropológica, el estudio de la afectividad empieza por lo relacional, o sea la “Persona” como “ser que se relaciona”.

Luego descubrimos que la relación entre personas se hace esencialmente a través del Amor y luego entrando en el amor, descubriremos las implicaciones, valores y necesidades realmente humanas en este devenir sexuado, en esta existencia sexual. Solo así descubrimos que el amor tiene una característica típica y fundamental en la Persona Humana, que es la relación de hombres y mujeres sexuados, la relación sexual.

Ordinariamente la problemática sexual se presenta al revés, y cuando se habla de afectividad se habla de problemas sexuales, y de la sexualidad bajan al amor y a veces llegan a la relación.

Es necesario, al desarrollar un programa de formación sexual, prestar atención a las relaciones y diferencias sustanciales, tanto emocionales como físicas de niños, adolescentes y adultos.

Diremos por ejemplo que la sexualidad infantil es diferente a la sexualidad adolescente, y las dos son diferentes de la sexualidad adulta.

De modo que no se puede, si se pretende el entendimiento constructivo, hablar en el mismo lenguaje y de la misma manera a niños, adolescentes y adultos.

No se habla de la misma sexualidad con niños pequeños, que con los más grandes, o con adolescentes o con adultos. Y esto debe tomarse en cuenta al momento de diseñar las modalidades de enseñanza de educación sexual, así como los contenidos de la misma.

Es fundamental en este punto entender nuestra misión como formadores, sembradores, líderes de familia, escuelas, colegios y sociedad.

Es por esto que en el presente plan también se incluye el conocimiento de una ley universal que será de gran ayuda en el quehacer formativo, la Ley Causa-Efecto.

Como veremos en esa lógica, todos tenemos responsabilidades que cumplir que no debemos evadir, si las evadimos tendremos que hacer las correcciones pertinentes y mientras más las evadamos, más difícil y penosa será la corrección que debamos hacer, pues las consecuencias son ineludibles.

Una educación sexual no adaptada puede vivirse como una experiencia de intrusión en la vida anímica.

Por esto, es sumamente importante evitar agredir a los niños o a los jóvenes con información que no puede ser entendida, aceptada e integrada.

Esta ha sido sin duda la lección que los educadores del siglo XXI debemos aprender en cuanto a la formación, entendimiento y vivencia de la Sexualidad Humana.

Aún los actos aparentemente “insignificantes” pueden afectar a docenas y aún a cientos de personas y de esas consecuencias seremos directamente responsables, y la propia ley exigirá su pago, que no es otra cosa que el proceso de aprender a obrar bien.

Como somos aún seres en constante evolución e imperfectos, estamos expuestos a cometer errores.

Un error cometido honradamente, con sincera intención de ser constructivo, que sin duda los hay muchos, tendrá por supuesto que ser corregido, pero la corrección será más severa si intentamos evadir nuestras responsabilidades u optamos por nuestra apatía personal.

Con este propósito hemos diseñado nuestro proyecto de Formación Sexual en Libertad, en tres EJES fundamentales, que nos ayudarán a comprender y construir un quehacer formativo integral en Sexualidad.

· El Eje Filosófico.

· El Eje Sociológico.

· El Eje Biopsicológico.

1. EJE FILOSÓFICO.

En este eje, analizaremos el marco filosófico y epistemológico desde el cual percibimos la sexualidad humana y el lugar que ésta ocupa en la constante búsqueda de sentido que nos caracteriza a las personas y sociedades humanas.

Para el efecto partiremos de cuatro focos de reflexión principales estableciendo las relaciones entre estos, dichos puntos son:

1. La evolución del hombre, Hominización y Humanización.

2. El proceso hacia la Libertad Humana.

3. El Concepto de Persona.

4. Qué es Sexualidad Humana?

a. LA EVOLUCIÓN HUMANA, HOMINIZACIÓN Y HUMANIZACIÓN.

Dentro de todo saber y pensar filosófico, es indispensable la reflexión de los contextos científicos y culturales que, en la medida de su evolución, exigen la ratificación o rectificación de las máximas filosóficas, discriminando lo permanente de lo variable, lo importante de lo urgente, y por último la regla de la excepción.

En el marco de la Antropología Filosófica, es innegable y asombroso el dinamismo de la evolución del hombre, no sólo en lo biológico natural, sino en esa esencia inmaterial que, llámese como se la llame, constituye el motor de nuestra condición HUMANA.

Es así como se establece y discrimina los dos procesos evolutivos del hombre:

Por un lado está el proceso de HOMINIZACIÓN, que constituye ese perfeccionamiento biológico y adaptativo, que ha permitido a nuestra especie, ser hoy por hoy la especie “dominante”, depredadora y cabeza de una cadena alimenticia trastocada por su influencia.

Este proceso nos ha llevado desde nuestro antepasado el Australopitecos, hasta nuestra actual condición biológica el Homo Sapiens Sapiens, a una hegemonía innegable y muchas veces irresponsable sobre el planeta.

Por otro lado está el proceso de HUMANIZACIÓN, que supone un camino más allá de la naturaleza animal y biológica del mundo, un desarrollo y unas creaciones en una dimensión diferente, por no decir superior a la que gobierna el reino animal al cual estamos ligado pero que no nos abarca ni nos explica.

Nuestra humanización, considera ese redescubrimiento de nuestra naturaleza, ese empuje hacia lo trascendente, ese anhelo de infinito.

Este camino consiste en el descubrimiento y la experiencia de nociones trascendentes que, al ir impregnando nuestra existencia, se transforman en VALORES permanentes y transculturales, que parecen “romper” con “lo natural”, siendo al mismo tiempo parte de nuestra “naturaleza Humana”.

Libertad, Responsabilidad, Respeto, Solidaridad, Amor, son algunos de los elementos a los que nos referimos cuando hablamos de este proceso independiente y continuo llamado HUMANIZACIÓN.

Dentro del proceso de Humanización, encontramos, por llamarlos así, “subprocesos centrales” que deben ser analizados con detenimiento para diseñar un plan de educación y formación sexual que nutra TODAS las dimensiones de LA PERSONA HUMANA.

Entre los procesos centrales señalados analizaremos a continuación el “Proceso hacia la Libertad Humana”.

b. EL PROCESO “NATURALMENTE ANTINATURAL” PARA LA LIBERTAD HUMANA.

Lo hemos llamado “naturalmente antinatural” por la dicotomía coexistente en el ser humano, por un lado estamos inmersos en una naturaleza cósmica determinada por leyes e instintos, pero por otro nuestra esencia natural humana emerge sobre el universo rompiendo el determinismo.

Decimos proceso porque no es posible vivir la Libertad ni entenderla fuera de un continuo evolutivo trascendental, que comprende tres fases:

Fase 1.- LIBERACIÓN

Se entiende por liberación al resultado de una batalla constante, un proceso que implica LUCHAR Y DERROTAR todo tipo de tiranía determinista o esclavizante, toda condición que agreda a cualquiera de las dimensiones de la Persona Humana (Dimensiones de las que hablaremos más adelante).

Un plan de sexualidad en Libertad, debe contemplar como objetivo específico, el diagnóstico, confrontación y liberación de sistemas de esclavitud física, psicológica y espiritual de los educandos. Esto supondrá un análisis de los diferentes factores biológicos, psicológicos, sociológicos, ideológicos y espirituales que encuadran la vivencia y comprensión de la sexualidad en los niños y jóvenes de nuestro país.

En medio de dicha lucha, la primera batalla se librará en el interior de la persona frente a la tiranía del Libertinaje.

Esta lucha básica nos libera del imperio del “deseo inmediato”, y la dictadura de “lo que me da la gana”.

Fase 2.- LIBRE ALBEDRÍO

El Libre albedrío aparece ante nosotros como la primera conquista eminentemente humana, como el siguiente nivel lógico-filosófico consecuente al proceso de liberación.

Supone posicionarse frente a la realidad con la capacidad de conocer, comprender, distinguir y elegir entre el bien y el mal.

El bien y El mal; conceptos y principios básicos que parten del VALOR CENTRAL, que, como veremos, es LA PERSONA HUMANA, parangón y referente hacia el cual convergen todos los valores, en una escala de comprensión y vivencia.

El plan de Sexualidad en Libertad, contempla el entendimiento de este valor central, con el fin de establecer las nociones de bien y mal para que el libre albedrío pueda ser una real capacidad y derecho.

Sobre el tema del libre albedrío, cabe reflexionar nuevamente sobre la LEY CAUSA EFECTO.

La Ley de Causa y Efecto es una ley de vida que muchas personas no tomamos en cuenta, pese a su evidente importancia en nuestro devenir existencial.

¿Cómo funciona la Ley de Causa y Efecto?

La Ley Causa y Efecto es conocida también como Ley de Consecuencia, Retribución o Compensación.

La Ley de Causa y Efecto es una ley que funciona en todos los planos y nos invita e incluso obliga a pensar en todo lo que sembramos, tanto en pensamiento, palabra y acciones.

Todo lo que hacemos pone en movimiento una causa y ésta trae una consecuencia, positiva o negativa, que está inevitablemente determinada por la causa puesta en movimiento.

No existe el azar, la buena suerte o la mala suerte, sólo resultados.

Recogerás lo que has sembrado ya sea negativo o positivo. Ahora mismo lo estás haciendo.

Fase 3.- LIBERTAD PLENA

Ahora bien, hemos llegado a este punto luego de un camino de liberación y comprensión del bien y del mal que nos permite elegir, asumir y enfrentar con libre albedrío cada uno de nuestros actos, así como las consecuencias de dichas decisiones.

Sólo entonces podemos empezar a entender lo que es Libertad.

La Libertad es una de esas “nociones humanizantes” de las que hablábamos antes, esas nociones que al irlas descubriendo y viviendo se transforman en valores. Con esta premisa afirmamos que la Libertad es un Valor. Al serlo, acude hacia la dignificación y crecimiento de la Persona Humana, para su plena realización.

TODO VALOR se refiere EXCLUSIVAMENTE AL BIEN.

Vivir en Libertad es vivir en, por y hacia el bien.

Si lo ponemos en la lógica de la opción de vida diríamos:

“La Libertad es la capacidad de elegir el Bien”…

… es decir una capacidad que ha desarrollado criterios de discernimiento de calidad, orientados hacia los valores y derechos humanos, a este discernimiento de calidad llamamos Sabiduría.

Vivir en una sexualidad en libertad, es orientar nuestra dimensión sexuada hacia el bien superior y el enriquecimiento tanto de nuestra comunidad social como de nuestra humanidad personal individual.

c. ¿QUÉ SIGNIFICA SER PERSONA?

Desde el punto de vista filosófico, como ya hemos anotado, Persona significa “SER en RELACIÓN”.

Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿quién es este “ser” que se relaciona y con quién o con qué se relaciona?

Este ser llamado “Hombre”, o más bien dicho “Humano” es una “unidad biopsicoespiritual”, o como prefiero explicarlo: el Hombre es “Espíritu psicosomatizado”.

Al decir esto afirmamos que coexisten interrelacionadas e indisolubles, tres esencias o dimensiones en este ser llamado Hombre o Humano:

1. Una dimensión Biológica-somática.

2. Una dimensión Psicológica-afectiva.

3. Una dimensión Espiritual-trascendental.

Estas tres sustancias, al relacionarse “personalmente” con el mundo, dan origen a aquello que llamamos “lo social”.

Es desde estas tres dimensiones indisolubles, que el Hombre se relaciona con sus semejantes, con la sociedad y con medio ambiente natural; y este “relacionarse” lo “humaniza” o “deshumaniza” en la medida de la calidad, salud y LIBERTAD de las relaciones (Ley causa-efecto).

Volviendo al tema de lo sexual, diremos que la persona es sexual, y el sexo es personal.

La regla en este sentido es clara: No interpretar a la persona en función de la sexualidad, sino interpretar la sexualidad en función de la persona.

Coherentemente con la naturaleza biopsicoespiritual la sexualidad humana, que debe ser entendida como el diálogo de Amor, se vive en tres niveles: sexo, eros y ágape; o en otras palabras: genital, afectivo y espiritual.

1. Nivel vivencial de la genitalidad. (sexo)

Se refiere directamente a los órganos genitales (reproductivos) y los actos que la acompañan. Se refiere a la atracción sexual biológica, instintiva, natural, pero pese a estas características no es una atracción animal, pues lo genital tiene un gran valor humano como “signo”, por lo cual busca su “significado” humano: la comunión interpersonal, la unión y la entrega mutua.

Si lo convertimos en instrumento únicamente de placer o de compra-venta defraudamos su valor de signo. Si reducimos el amor a su aspecto físico y corporal, lo relegamos al dominio de la biología, de la endocrinología, etc.

2. Nivel vivencial de la afectividad. (eros)

Es la atracción sexual sicológica, es deseo, pero un deseo sensible por el otro sexo; es la proyección hacia el otro no tanto para engendrar con él, sino para estar con él.

A este nivel lo podemos llamar amor-deseo o enamoramiento.

En este nivel se ponen en marcha las riquezas emocionales del individuo.

El “eros” es una llamada al espíritu del otro a través del cuerpo y, en general, a través de la calidad de la persona total; la tonalidad de la voz, la riqueza afectiva, la cultura, la belleza del gesto, el peinado, el vestido, la finura de un perfume, etc.

Pero el “eros” debe evolucionar…

3. Nivel vivencial de la espiritualidad. (ágape)

Es la comunión profunda y plena que consiste en el descubrimiento de la originalidad de la otra existencia. Incluye el respeto absoluto de la persona del otro, de su libertad, de su proyecto de vida.

El deseo en el ágape, es el deseo de promover al otro, de ayudarlo a realizarse e incluye la auténtica ternura que no es el erotismo hedonista (búsqueda de sí mismo, del propio placer, a través del otro) sino el deseo de que el otro sea, por el amor, más plenamente él.

d. UN CONCEPTO BÁSICO: ¿QUÉ ES SEXUALIDAD?

Cuando se habla de sexualidad, muchas veces se cae en equívocos y confusiones sobre los conceptos que este término abarca.

Preguntarnos por el sentido de la Sexualidad, es preguntarnos qué vamos a hacer con el amor, esa fuerza maravillosa que, a veces reprimida pugna por explotar.

Las interpretaciones y enfoques con los que nos encontraremos al querer abordar la sexualidad y su sentido, las podemos resumir en cuatro corrientes principales:

1. INTERPRETACIÓN CIENTISTA, MATERIALISTA Y AGNÓSTICA DE LA SEXUALIDAD.

Para esta interpretación sólo existe lo “estudiable” desde un punto de vista científico experimental. Pierden, de esta manera, significado y valor los aspectos psicológicos, afectivos, sociales y espirituales (humanizantes) de la sexualidad.

Solo interesan los mecanismos anatómico-fisiológicos del sexo (lo genital) y un uso higiénico de la función sexual.

2. INTERPRETACIÓN HEDONISTA DE LA SEXUALIDAD.

Parecería ser la consecuencia de la visión anterior, esta visión invita a conseguir el máximo placer sexual, al margen de toda norma social, moral o espiritual, sin límites de ninguna clase.

Lo único que interesa son las técnicas que llevan a la obtención máxima de placer.

El sexo ya no está en función de la persona y sus objetivos humanos, sino que la persona está en función de las sensaciones fisiológicas instintivas del sexo.

3. INTERPRETACIÓN ANTROPOLÓGICA-CULTURAL DE LA SEXUALIDAD.

Según esta visión, las normas sociales, morales y espirituales que regulan las costumbres y conductas sociales y sexuales, no serían naturales y primarias, sino originadas por la sociedad y la cultura, por lo tanto cualquier norma sexual y social es mudable y relativa.

Volveremos sobre esta cuestión al abordar la construcción de los géneros y la sexualidad masculina y femenina.

4. INTERPRETACIÓN PERSONALISTA DE LA SEXUALIDAD.

Esta concepción de la sexualidad, la considera como un aspecto esencial y fundamental de la persona.

Se trata, de esta manera, de entender la sexualidad en función de las relaciones interpersonales.

Esta visión personalista recibe más luz y consistencia cuando se inserta en la concepción cristiana del hombre y su destino.

Empezaremos por decir que somos seres sexuados, empapados e imbuidos de una condición sexual en todas las dimensiones del “ser que humaniza”.

Cada acto, cada afecto, cada pensamiento e incluso cada forma de relación con lo trascendente (Dios), está atravesado por nuestra sexualidad, pues es desde esta que podemos ser “Personas”; que podemos ser “relacionales”, en definitiva que podemos “humanizarnos”.

La Sexualidad es ante todo una construcción cimentada en las tres dimensiones humanas, y edificada sobre las experiencias, la búsqueda y el sentido íntimo de nuestra vida.

Desde que una persona nace hasta que muere la sexualidad se manifiesta de distintas formas, situaciones, acciones, sensaciones y sentimientos. Por lo tanto, la sexualidad no es una “cosa” que aparece de pronto en las personas adolescentes, jóvenes o adultas.

Es frecuente la confusión entre los conceptos de Sexualidad, sexo, y genitalidad, reduciendo esta construcción sustancial de la Persona, al uso, y abuso de “lo genital”.

Muchas veces esta confusión se convierte en manipulación al ser camuflada tras una fachada simplista que repite una y otra vez un concepto muy serio: los Derechos Humanos.

Sin afán de detenerme en la disertación de los Derechos Humanos, es importante señalar en primer lugar que los “Derechos” son tales cuando presuponen una conciencia de los mismos, una capacidad de entendimiento con respecto a la Ley Causa –Efecto y finalmente una capacidad y habilidad de responder a dichos retos, causas y efectos; a esto se llama RESPONSABILIDAD.

Por otro lado, los Derechos son “Humanos” cuando “Humanizan” a la persona, a la familia y a la sociedad, es decir la eleva más allá de su condición temporal, alimentando ese anhelo de infinito, llevándolo a trascender cada momento de vida.

Por lo antes expuesto diremos que LA SEXUALIDAD es el medio privilegiado de RELACIÓN con el mundo, para humanizarnos o deshumanizarnos.

Cuadro de texto: Concluyendo este primer eje, el filosófico, podemos resumir lo discutido de la siguiente manera: “La Persona Humana (ser que se relaciona en un proceso de crecimiento trascendental), sólo puede encontrar su realización a través de la vivencia de una Sexualidad Humanizante (reconocimiento, cuidado, mejoramiento y valoración de todas las dimensiones constitutivas e indisolubles del Ser) orientada hacia la Libertad Plena.

2. EJE SOCIOLÓGICO

El segundo eje, nos permite contextualizar el terreno sobre el cual se asentará toda la reflexión filosófica anteriormente expuesta.

Al hablar de lo sociológico cabe mencionar tres puntos principales que nos ayudarán a contextualizar nuestros conceptos y contenidos:

1. Signos de los tiempos (Breve recorrido hasta Nuestra Era)

2. Concepto de justicia y consideraciones legales pertinentes.

3. Derechos y Valores

I. Signos de los tiempos (Breve recorrido hasta Nuestra Era)

Para entender mejor el enfoque de sexualidad desde el cual partimos en este proyecto y la época en que vivimos, repasaremos algunas concepciones y paradigmas que la Sexualidad ha tenido en las últimas etapas del desarrollo de la humanidad.

Con fines didácticos estableceremos tres etapas:

a.- Sexualidad en la era PREMODERNA

b.- Sexualidad en la MODERNIDAD

c.- Sexualidad en la POST MODERNIDAD

a.- Sexualidad en la era PREMODERNA

De alguna manera relacionada con la era pre-industrial entre los siglos XVI y XIX.

La sexualidad estaba ligada con el concepto de “pecado” y “vergüenza”.

Era más un referente de reproducción y legitimización de las herencias y los linajes, que una dimensión que le interese a la antropología; era un tema “tabú”.

Se podría decir que muchas dimensiones humanas permanecían bajo las sombras y el temor, asociadas a una religiosidad supersticiosa y “condenante”.

El Miedo Religioso imperante, alimentado por una antropología social con fuerte influencia griega dualista, en la cual el cuerpo (y lo corpóreo) es entendido como “enemigo del alma” por lo tanto, es malo, sucio y vergonzoso; definió la forma de ver lo sexual y la sexualidad, impidiendo el entendimiento de una visión humana integral, y reduciendo su vivencia a una lucha por ocultar y condenar toda alusión a dicha sexualidad.

El pensamiento dualista se lo puede identificar en las palabras de Platón: “El cuerpo es la cárcel del alma, y debemos liberarnos de él”.

Así los aspectos psicológicos eran ignorados y tanto la dimensión espiritual como la dimensión relacional (social), eran reducidas y deformadas a través de las prohibiciones y prejuicios.

En este momento histórico-social, el papel de la mujer y lo femenino estaba marcado por la anulación deshumanizante y la discriminación explícita en todos los espacios sociales. La mujer no tenía acceso a la educación, y ocupaba un papel inferior con respecto al orden social, entendiéndose la “virtud femenina” como el silencio, la represión y la anulación de todo tipo de deseo y anhelo personal. Este patrón era especialmente enfatizado en la vivencia de su sexualidad.

Como era de esperarse, el siguiente período traerá reacciones directas a este paradigma alrededor de la sexualidad.

b.- Sexualidad en la MODERNIDAD

Tres revoluciones marcarán el inicio de una nueva era:

· Revolución Política.- Marcada histórica y progresivamente por la revolución francesa y sus ideales de IGUALDAD, LIBERTAD Y FRATERNIDAD, ideales humanizantes en esencia, pero que, malentendidas o manipuladas nos llevan a las aberraciones que analizaremos posteriormente, como reza una célebre frase de María Antonieta “Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”.

Este fenómeno provocó cambios en la cosmovisión de la realidad filosófica, sociológica y antropológica.

· Revolución Científico-industrial.- Paradójica y definitivamente marcada por las dos guerras mundiales, que supusieron un impulso sin precedentes a la investigación científica y su aplicación en la industria, colocando a la ciencia experimental y por lo tanto al positivismo (sólo existe lo que se puede observar, demostrar y estudiar) en una posición preponderante en la cosmovisión mundial.

· Revolución Sexual.- El término revolución sexual hace referencia al profundo cambio ocurrido en la segunda mitad del siglo XX en el mundo occidental en cuanto a la concepción de la moral sexual y el comportamiento sexual humano en general. Popularmente el término se identifica con una liberalización de las costumbres y una pretendida “igualdad” entre los sexos, postulado que tuvo su auge en las décadas de 1960 y 1970.

La revolución sexual aprovechó la situación de la mujer incomprendida y abandonada para presentar como derechos básicos para ellas el aborto y la píldora anticonceptiva, siendo el inicio de un “ismo” más ante el machismo, racismo y otros sistemas que separan y discriminan; nació el FEMINISMO.

Como un añadido de ésta época, la revolución sexual abrió también el camino hacia la promoción de la homosexualidad.

Aparecerán los informes sexuales de Kinsey y de Masters & Johnson.

Los principales artífices de esta revolución son Alfred Kinsey y Hugo Hefner, que sostienen que “el control sexual infringe la libertad del individuo”.

Alfred Kinsey (1894-1956), llamado “el padre de la revolución sexual” publicó en 1948 sus estudios sobre el “Comportamiento sexual en el ser humano masculino”, y cinco años después “Comportamiento sexual en el ser humano femenino”.

Algunas de las conclusiones de los “estudios” de Kinsey son:

· La sexualidad es incontrolable,

· El matrimonio es parte de un condicionamiento social,

· El sexo fuera del matrimonio es normal y saludable,

· Las familias son innecesarias,

· El incesto y sexo entre niños y adultos son normales.

Estas ideas son aceptadas plenamente por Hugh Hefner (1926) que funda el emporio Playboy en 1953 mientras acusa a las enseñanzas judío-cristianas de “anti-sexualismo” y da glamour al sexo; amasa fortunas y da generosas donaciones al Instituto Kinsey.

Cuadro de texto: El controvertido estudio de Kinsey, que acaparó la atención de la prensa a mediados del siglo pasado, fue cuestionado luego de comprobarse que había usado conocidos pederastas y prisioneros como modelos de lo que él llamó “el hombre americano normal”.  No obstante, junto a la “filosofía Playboy”, proporcionan la base que da fundamento a la promulgación del “sexo libre” en escuelas públicas y en la sociedad norteamericana.

Nociones Humanas, como Libertad, Igualdad y Fraternidad, legítimas e imprescindibles, fueron condimentadas con un positivismo científico radical, y una visión sexual hedonista, que reduce incluso el Placer Humano a la sensación placentera; para alimentar un ego social que “prometía” al hombre la “plenitud de la felicidad”.

Ya no se necesitaba a Dios, el hombre tenía un nuevo dios, la ciencia. Se estableció un nuevo miedo, una nueva dictadura imperial, el miedo científico.

Con la industria, el sexo y la libertad mal entendida, la promesa de felicidad parecía estar a la mano. ¿Qué sucedió? …

Es verdad que la ciencia benefició notablemente la vida de las personas, pero también hizo posible desde el holocausto judío hasta las tragedias de Hiroshima y Nagasaki; el marxismo no trajo el paraíso comunista, sin más bien dio origen a la masacre de Tian an men; las sociedades capitalistas “avanzadas” han alcanzado un alto nivel de vida, pero están a su vez corroídas por dentro por el gusano del tedio y del sin sentido.

La nueva filosofía positivista científica (gnóstica) traería todo, menos la ilusión de plenitud humana. El materialismo, el egoísmo recalcitrante, la desigualdad social, la pobreza extrema enfrentada a la opulencia insultante eran, nuevamente parte del panorama mundial, solo cambiaron los pretextos, ya no era por “voluntad de Dios”, ahora era “porque científicamente es posible”.

La promiscuidad sexual no sólo se destapó, se promovió.

Para proveer más sensaciones placenteras a nuestro “libre cuerpo” se globalizaron las sustancias estupefacientes. Alucinógenos, ansiolíticos y demás estaban a la orden del día.

Los “hijos del amor” sin padre ni familia pululaban por las calles del referente occidental más aceptado, los EEUU.

El progreso industrial era el principal instrumento de un capitalismo cruel y deshumanizante.

Las secuelas en la esfera sexual no se hicieron esperar. Heridas psicológicas, depresiones, crisis familiares, enfermedades de transmisión sexual, crisis existenciales, desorientación espiritual, trajeron un mundo de soledad y desengaño.

Las multinacionales farmacológicas, grandes ganadoras de todo esto, cosechaban los frutos de la campaña científica emprendida. Las ventas de antidepresivos, somníferos, ansiolíticos, antibióticos, etc., no tenían parangón.

Toda la sociedad occidental caminaba “farmacodependientemente”, con o sin motivo.

Todo este desengaño, traerá consecuencias lógicas en la cosmovisión antropológica, filosófica y sociológica occidental.

¿Y ahora qué desechar? ¿Qué recuperar? ¿Qué lecciones aprender? ¿Cómo enfrentar y construir una nueva visión de vida?

Éstos y otros cuestionamientos dieron paso a una nueva era, la era del desencanto, la POSTMODERNIDAD.

c. Sexualidad en la POST MODERNIDAD

Y así nos encontramos aquí, en nuestra era; una era “vacunada” contra la credulidad, un mundo sin respuestas y llena de preguntas.

Hemos pasado por la dictadura, tanto de la ignorancia supersticiosa, como del cientificismo deshumanizante.

Las promesas de la modernidad han sido ya diagnosticadas y evaluadas: ¡Fue un gran desengaño!

Pero, ¿y entonces…?

Los valores de la Revolución francesa siguen siendo un anhelo humano, la plenitud y la realización de la persona humana sigue siendo una cuenta pendiente y los “signos de nuestra era” lo evidencian.

Vivimos una época paradójica: por un lado está la memoria histórica que provoca una crisis de Fe en Dios, trascendental y universal. Y por otro lado está la evidencia del desengaño frente a las promesas del positivismo científico industrial que ha resultado en desigualdad e injusticia sin precedentes. Como advierte el documento del Concilio Vaticano II:

“Brota también el desequilibrio entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida colectiva y a las exigencias de un pensamiento personal y de la misma contemplación. Surge, finalmente, el desequilibrio entre la especialización profesional y la visión general de las cosas.

Aparecen discrepancias en la familia, (…) nacen también grandes discrepancias raciales y sociales de todo género. Discrepancias, por último, entre las instituciones internacionales, nacidas de la aspiración de los pueblos a la paz, y las ambiciones puestas al servicio de la expansión de la propia ideología o los egoísmos colectivos existentes en las naciones y en otras entidades sociales. Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es, a la vez, causa y víctima.” (Gaudium et Spes, 8)

Los postmodernos consideran a la idea de progreso un espejismo, y no se consideran a sí mismos llamados a la superación.

Hablan de postmodernidad simplemente porque su tiempo ha aparecido después de la modernidad, es decir el postmoderno no construye un fundamento filosófico de vida.

La postmodernidad es el tiempo del “yo”, del intimismo.

En las librerías de “Best Sellers” abundan los libros de técnicas sexuales, los libros sobre la “meditación trascendental”, las guías de cuidados para el cuerpo, los remedios para la crisis de la vida adulta, la psicoterapia al alcance de todos, el control mental, el Rei Ki, etc.

Y todo esto se explica porque a raíz de la pérdida de confianza en los proyectos de transformación de la sociedad, sólo cabe concentrar todas las fuerzas en la “realización” personal, y aparece una neurasténica preocupación por la salud que se manifiesta en la obsesión por la terapia personal o de grupo, los ejercicios corporales y masajes, el sauna, la dietética macrobiótica y las vitaminofilias, la bioenergética, etc.

En la postmodernidad el homo sapiens ha sido sustituido por el homo sentimentalis.

El “homo sentimentalis” no es simplemente el hombre que siente, sino el hombre que valora el sentimiento por encima de la razón.

A la tiranía de la razón ha sucedido ahora una explosión de la sensibilidad y de la subjetividad. En algunos círculos, el ataque contra la razón y la objetividad ha alcanzado dimensiones de cruzada, y algunos jóvenes hacen suya la afirmación de Nietzsche: “Todos los pensamientos son malos pensamientos…El hombre no debe pensar.”

Con este marco situacional, podemos comprender algunas consecuencias psicosociológicas de nuestra era:

· Un mayor dogmatismo científico como una “formación reactiva”, un desesperado último intento de desvalorizar, relativizar y subestimar todo aquello que no ingrese en el campo de lo demostrable, medible y manipulable.

· Una búsqueda desesperada de fuentes de espiritualidad y credos, en “enlatados” tales como:

a. Rituales orientales (sólo rituales, no cultura ni filosofía).

b. Sectas de todo tipo (Cristianas principalmente, acompañadas del fenómeno de “fundación de iglesias” todos los días).

c. Un real divorcio entre Fe y razón.

d. Un vacío cultural en el cual la cotidianidad no se rige por Valores Humanos ni comunitarios, sino por satisfacción de antojos o “necesidades” inmediatas (consumismo recalcitrante).

Es lógico que, al entrar en crisis la razón y el racionalismo, queden de nuevo abiertas las vías de acceso a la fe que la modernidad clausuró. Como decía Pascal: “el corazón tiene sus razones que la razón no conoce”.

Sin embargo, en la Postmodernidad, Dios no puede ser demasiado exigente. Debe contentarse con lo que se ha llamado “la religión light”.

Dado que el postmoderno obedece a lógicas múltiples, frecuentemente prepara el mismo su “cóctel religioso” con unas gotas de islamismo, una pizca de judaísmo, algunas migajas de cristianismo, un dedo de nirvana; todas las combinaciones son posibles, añadiendo para ser un poco más ecuménico, una cucharadita de marxismo o un paganismo a gusto del consumidor.

Teniendo presente el rechazo postmoderno a la fundamentación, no debe sorprendernos que al individuo no le preocupe en lo absoluto la falta de coherencia del conjunto.

Se observan también “relaciones” (si se las puede llamar así) despersonalizadas. Paradójicamente en la era de la comunicación, la relación personal humana ha sido sustituida por las relaciones virtuales, anónimas, defensivas y pasajeras; siendo la sexualidad y su ejercicio cotidiano un reflejo de éste fenómeno.

El postmoderno renuncia a los compromisos profundos. La meta es ser independiente afectivamente, no sentirse vulnerable. El medio para conseguirlo es lo que ha sido llamado el “sexo frío” (cool sex), orientado al placer breve y puntual, sin ambiciones de establecer relaciones exclusivas ni duraderas.

Se observa por ejemplo en nuestros jóvenes la instauración de la “Cultura del Vacile”.

No se tiene ningún proyecto. Simplemente nos cruzamos unos con otros, o incluso nos atropellamos unos a otros.

Los postmodernos afirman que los historiadores han tenido poca memoria y han recordado pocos acontecimientos. Si hubieran recordado todos, se habría visto que no existe otra cosa que un caos de biografías individuales. La gran historia se disuelve en muchas historias microscópicas. Tantas como individuos.

Así parece una concepción de moralidad individual, egoísta y ajena al bien común, sustituyéndolo por la satisfacción inmediata a intereses particulares. Como canta Joaquín Sabina: “Cada noche un rollo nuevo. Ayer el yoga, el tarot, la meditación. Hoy el alcohol y la droga. Mañana el aeróbic y la reencarnación”.

Cuadro de texto: Los hombres modernos gustaron identificarse con Prometeo, que, desafiando la ira de Zeus trajo a la tierra el fuego del cielo, desencadenando el progreso de la humanidad. En 1942, Camus sugirió que el símbolo idóneo no era tanto Prometeo como Sísifo, que fue condenado por los dioses a hacer rodar sin cesar una roca hasta la cumbre de una montaña desde donde volvía a caer siempre por su propio peso.  Ahora llegaron los postmodernos y dicen ¡dejemos la roca abajo y disfrutemos de la vida! Con mucha razón los estudiosos de estos fenómenos han hecho notar que el símbolo de la postmodernidad ya no es Prometeo ni Sísifo, sino Narciso, el que enamorado de sí mismo, carece de ojos para el mundo exterior.

Los postmodernos, olvidándose de la sociedad, concentran todos sus esfuerzos en la realización personal. Hoy es posible vivir sin ideales, lo que importa es conseguir los ingresos adecuados, conservarse joven, cuidar la salud.

La postmodernidad pretende también la sustitución de la ética por la estética, el “Ser”, es sustituido por el “Parecer”.

Eliminada la historia, ya no hay deudas con un pasado común, ni tampoco obligaciones con un futuro utópico. Cuando queda tan sólo el presente, sin raíces ni proyectos, cada uno puede hacer lo que quiera.

Como dice Joaquín Sabina, “…al deseo los frenos le sientan fatal. ¿Qué voy hacerle yo, si me gusta el whisky sin soda, el sexo sin boda, las penas con pan...?”

Cuadro de texto: Freud afirmó: “En el proceso de maduración, el YO averigua que es indispensable renunciar a la satisfacción inmediata, exigida por el ELLO;  diferir la adquisición de placer, soportar determinados dolores y renunciar, en general, a ciertas fuentes de placer (…)  El paso del principio del placer impulsado por el Ello (pulsiones, deseo e instintos básicos) al principio de la realidad constituye uno de los programas más importantes del mundo del Yo.”

En la Postmodernidad es el “Ello” el llamado a mandar. Desaparece toda barrera; todo es indiferente y, por lo tanto, nada está prohibido. Para los postmodernos ¡vive feliz!, es el único imperativo categórico.

De esta manera se establece también el culto a la imagen. Vivimos en una era mediática, donde lo bueno y lo malo depende de lo dictado por los medios de comunicación.

En medio de todo este contexto histórico y pese a las dificultades y problemas mencionados, podemos también decir, que nuestra era, la Postmodernidad, puede ser para los educadores y actores sociales, la oportunidad de encontrar ese “justo centro” del que hablaba Sócrates.

Ese momento histórico en el que comprendamos al Hombre y a la Mujer como una totalidad, en el que aprendiendo y recuperando la historia, construyamos una alternativa válida, una luz contra el desencanto que hemos descrito.

Hemos vivido los dos extremos conceptuales del Hombre y su Sexualidad, y las consecuencias fueron trágicamente dolorosas en ambos casos. Es hora de encontrar el justo equilibrio humanizante para darle sentido a nuestra misión vital. Como decía Juan Pablo II:

“La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad…dentro del horizonte de la autoconciencia personal: el hombre cuánto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte por ello en parte de nuestra vida.

La exhortación Conócete a ti mismo estaba esculpida sobre el dintel del templo de los Delfos, para testimoniar una verdad fundamental que debe ser asumida como la regla mínima por todo hombre deseoso de distinguirse, en medio de toda la creación, calificándose como hombre precisamente en cuanto conocedor de sí mismo.” (Juan Pablo II, Fides et Ratio 1998)

II. Concepto de justicia y consideraciones legales pertinentes.

Este segundo punto del eje sociológico nos permitirá comprender, discriminar y puntualizar la relación existente entre Justicia y Legalidad, siendo esta última la fuente de referencia práctica, nuestro marco legal vigente.

Para este efecto empezaremos advirtiendo la asociación inmediata de estos dos conceptos con la noción de “LEY”, así como los significados que ésta toma en nuestro devenir vital,

Para empezar señalaremos que La Ley se clasifica en dos grandes tipos, desde los cuales se comprenderán los términos justicia y legalidad:

· Ley Natural

· Ley Positiva

CARACTERÍSTICAS DE LA LEY NATURAL.

Preexistente.- La ley natural no tiene fecha de origen, parecería que forma parte de nuestra esencia, de nuestra condición humana.

Eterna.- Si la anterior característica nos refiere al pasado, esta se refiere al futuro, es decir, la Ley Natural no llega a su fin con nuestra desaparición terrenal.

Intangible.- No está escrita en ninguna parte, mas todas las comunidades y personas humanas la conocen y comparten.

Trascendental.- Trascienden en dos direcciones:

· Horizontal.- Es una Ley transcultural y transgeneracional, por lo tanto se extiende por todo el conglomerado humano social.

· Vertical.- Apunta, se origina y se dirige hacia algo superior, más allá de la brevedad del tiempo, busca lo Supremo, busca a Dios y su voluntad.

Como ejemplo de este tipo de ley podemos citar la “ley de la prohibición del incesto” que rige a todo ser humano.

La ley natural, al sumarse a la cultura comunitaria origina las nociones morales, razón por la cual podríamos decir que la MORAL es un concepto superior.

CARACTERÍSTICAS DE LA LEY POSITIVA.

Es la elaboración tangible, escrita, de autoría humana, con vigencia espacio-temporal, que busca reflejar la ley natural (pero que no la agota ni abarca en su totalidad).

De la ley positiva nacerán los cuerpos legales y códigos escritos, y de su aplicación nacerá el DERECHO.

La ley positiva fundamenta su bondad en la intencionalidad de servir y reflejar a la Ley Natural. A esta intencionalidad se la conoce como ÉTICA.

De ello podemos concluir que el Derecho reconoce su necesidad en la aplicación ética de la ley positiva.

Con estas premisas es necesario recuperar nuestro objetivo al empezar esta disertación, la elaboración de un plan de Sexualidad que responda a las necesidades de la persona humana y la comprenda de manera integral; en otras palabras que sea JUSTO con la persona humana y la sociedad humanizante que queremos construir.

Para ello es necesario definir el concepto de JUSTICIA.

JUSTICIA.

Es muy común escuchar el ya popular concepto:

“Justicia es dar a cada uno lo que se merece”, pero dicho postulado plantea limitaciones y cuestionamientos serios a la hora de vivir el Valor de la Justicia.

· ¿Quién dicta lo que cada uno se merece?

· ¿Cuáles son los parámetros de este merecimiento?

· ¿Este merecimiento es determinado por el que da o por el que recibe? ¿O por un tercero ajeno al diálogo involucrado?

Para este proyecto se ha revisado la epistemología, evolución e intencionalidad de las formulaciones que a la justicia se le da, así:

Para empezar diremos que la Justicia, como la Libertad son Valores Humanos, intangibles, superiores, eminentemente buenos y necesarios.

Por lo tanto su entendimiento y vivencia corresponde a la Ley natural, mientras que los intentos de explicarla y formularla corresponden a la Ley positiva, lo que nos pone frente a la necesidad de mantener la intencionalidad ética a la hora de elaborar dicha formulación.

La Justicia deviene de la Equidad, noción de bien que parte de nuestra condición personal, única e irrepetible. De esta manera, valorando la diversidad y las diferencias específicas entre los seres humanos, nos invita a CONOCER al otro para dar sentido a nuestras relaciones.

Las necesidades individuales y sociales se establecen de este conocimiento mutuo (Equidad) y sólo entonces se puede hablar o vivir la Justicia.

Por lo tanto afirmamos con los filósofos contemporáneos: “Justicia es dar a cada uno lo que necesita”, lo cual debe basarse en el conocer y reconocer al otro y sus necesidades.

Con el fin de ser Justos con la Persona Humana, las leyes positivas deben ser acogidas con Ética y Responsabilidad.

Para terminar estas consideraciones hablaremos de los aspectos básicos del marco legal vigente que, en estricto derecho amparan el presente proyecto.

Nos permitimos citar entre otras, las siguientes fuentes legales principales:

I. Artículo 37 de la actual Constitución Política del Estado, que establece: “El Estado tiene (…) el deber de proteger a la familia como célula fundamental de la sociedad, garantizándole las condiciones morales, culturales y económicas que favorezcan la consecución de sus fines y protege el matrimonio, la maternidad y el haber familiar".

II. El Artículo 2 de la Lev orgánica de Educación, reza: "La Educación sobre la Sexualidad y el Amor se fundará en el respeto de la dignidad de los seres humanos, de la vida, los valores éticos y morales conforme a las culturas existentes como un elemento que contribuya al mejoramiento de la educación y eleve la calidad del aprendizaje en el campo de la Sexualidad".

III. El Artículo 3 de la Ley Orgánica de Educación, reza "(…) la Educación de la Sexualidad y el Amor, deberá responder al medio, a la edad de los educandos y al rol esencial de los padres de familia, como orientadores netos de sus hijos".

IV. El Artículo 4 de la Ley Orgánica de Educación dice: " (…) cada centro educacional deberá adaptar dichos planes y programas (sobre sexualidad) a su realidad cultural y someterlo a conocimiento, consideración y aprobación del Departamento de Orientación y de los padres de familia de dicho plantel estudiantil.

V. El Artículo 1 del Código de la niñez y la adolescencia dispone: "(…) la protección integral que el Estado, la sociedad y la familia deben garantizar a todos los niños, niñas y adolescentes que viven en el Ecuador, con el fin de lograr su desarrollo integral y el disfrute pleno de sus derechos, en un marco de libertad, dignidad y equidad".

VI. El Artículo 9 del Código de la niñez y la adolescencia al hablar de la función básica de la familia, declara: "La ley reconoce y protege a la familia como el espacio natural y fundamental para el desarrollo integral del niño, niña y adolescente".

Con estas consideraciones nos disponemos a desarrollar los criterios sobre la Escala de Valores necesaria para lograr la formación Integral que buscamos para nuestros niños y adolescentes.

III. Derechos y Valores.

Para completar nuestro marco sociológico es necesario advertir que no podemos hablar de Derechos sin antes establecer un marco de Valores del cual nazcan las Responsabilidades Relaciónales individuales y comunitarias (sociales) de todo “sujeto de derecho”.

Para entender el concepto de “Valor”, es inevitable asociarlo con la noción de Bien, lo cual nos coloca en la perspectiva de servicio, satisfacción, crecimiento, etc.

¿Pero, cómo evitar que "un bien" se confunda con "El Bien"?

Advertimos en la Persona Humana, una diversidad de necesidades y búsquedas tanto individuales como sociales asociadas a la noción de bien, entonces diremos que en estricto sentido un Valor es un Bien, una estimación, algo importante; al mismo tiempo nos damos cuenta que no todos los "bienes" están investidos de la misma importancia, tornándose complicado y a ratos subjetivo establecer la jerarquía de bondad de tal o cual valor.

Si a esto sumamos la tendencia sociológica postmodernista, corremos el riesgo de relativizar, atropellar y mezclar estos bienes o valores.

Es necesario entonces establecer un parangón, una referencia desde la cual se defina y construya una jerarquía, una escala de Valores sintonizados, interrelacionados que converjan hacia este referente que lo llamaremos “El Valor Central”.

Ya veíamos anteriormente que nuestro proceso evolutivo debe propender a la humanización de la persona, es decir a su desarrollo, no solo individual, sino social y trascendental.

Por tal razón concluimos señalando como Valor Central y referencia para una escala de valores trascendente, válida y útil para los fines educativos, a LA PERSONA HUMANA.

Persona Humana, dos palabras que definen la esencia antropológica desde la cual concebimos al Hombre y a la Mujer.

“Persona” en cuanto ser que se relaciona, se manifiesta, vive en alteridad, se construye en, desde y para el otro, sea este, el otro individual, el otro social o el gran Otro trascendental.

“Humana” en cuanto Ser dinámico, en constante proceso de dignificación, construcción y crecimiento tangible e intangible, con “destino de infinito”.

Esta Persona Humana a quien abordamos desde una antropología que reconoce y valora cada una de las dimensiones del Hombre y la Mujer: Cuerpo, Mente y Espíritu, indisolublemente unidos y que comparten igual dignidad e importancia.

Desde este VALOR CENTRAL se comprende la justa importancia de los diferentes tipos de valores (materiales, sociales, biológicos, estéticos, éticos, etc.) y se permite la jerarquización de los mismos.

Es desde esta concepción que construimos nuestra “Propuesta jerárquica de valores para la Formación de una Sexualidad en Libertad” siendo la matriz de los derechos y responsabilidades individuales y comunitarias.

ESCALA DE VALORES

Cada nivel inferior sirve, complementa e interactúa con los niveles superiores.

Tomando en cuenta el Proceso hacia la Libertad Plena, transitamos por esta vía a través de la escala de Valores de la siguiente manera:

HASTA



DESDE

En el siglo XXI nos sumamos a vivir un mundo más globalizado.

Las Instituciones educativas, acostumbradas a trasmitir el formidable patrimonio del saber recibido, tendrán que replantear sus propósitos y contenidos; pues no bastará reproducir la cultura heredada para salvar la calidad de vida humana, puesta en peligro inminente, ya no por el atraso secular y la pobreza de las sociedades pre científicas, ni sólo por el adelanto de los avances científico-tecnológicos con abundancia desbordante, de modelos marcados por un profundo virus antihumano que engendra contrastes acentuados que amenazan con la destrucción de la vida en el planeta, sino por la carencia de un "norte", por una existencia sin sentido, en la era de la desesperanza.

Las Instituciones educativas (La Familia en primer lugar), debemos reencontrar un horizonte, un destino claro, un pensar más universal y responsable, más allá del “aquí y el ahora”, que dote de sentido a nuestra existencia.

La Institución Educativa y la Educación en general no pueden mantener su ficción de neutralidad en la que el compromiso y la formación de la voluntad se recluyen a preferencias subjetivas que no tiene espacio en el templo universitario de la razón. Los saberes necesitan de la Sabiduría que nos ensena a entender que cuando afirmamos amorosamente a los demás encontramos la propia vida y que cuando la buscamos por encima de todo no la podemos hallar.

Ciertamente no se trata de conocer el mundo sino de transformarlo, de hacerlo bueno y humano.

3. EJE BIOPSICOLÓGICO.

Como hemos advertido anteriormente, la Sexualidad es una dimensión constitutiva del Ser Personal, pues atraviesa todas y cada una de nuestras tres inseparables sustancias: cuerpo, psique y espíritu.

De esta manera, es necesario aclarar que la Persona Humana no TIENE sexualidad, como quien tiene un añadido ajeno a sí mismo; sino que ES sexuada. Somos sexuados; mujer y varón.

Cuadro de texto: La sexualidad es el conjunto de características que abarcan y expre¬san a toda la persona humana en la unidad de su cuerpo, mente y espíritu que la CONFIGURAN como MUJER o VARÓN.

Así somos desde el mo­mento de nuestra concepción, desde el momento en que se unieron el es­permatozoide y el óvulo de nuestros padres.

En el presente eje temático, nos ocuparemos de analizar las premisas indispensables que atañen al Cuerpo y la Psique. Análisis que evitaremos hacerlo por separado con el fin de no caer en los psicologismos ni en los fisiologismos exclusivistas.

Retomando la advertencia hecha en la introducción, es necesario distinguir, identificar y comprender las características específicas de niños, adolescentes y adultos, con el fin de no tratar al niño como “un adulto pequeño”.

Para comenzar diremos que los niños son sujetos muy activos en su propia formación, y es muy importante brindarles la posibilidad de descubrir, investigar y comprender su mundo, en función de sus inquietudes e intereses que encuentran su origen en la curiosidad respecto a la sexualidad.

Esta curiosidad constituye el principal motor del aprendizaje cuando no se lo cohíbe por informaciones inapropiadas.

La fantasía no está a la misma distancia de la realidad en la mente del niño que en la mente de un adulto y sirve para organizar su mundo y crear sus conocimientos.

Esto debe ser tomado en cuenta el momento en que se busca la manera de responder a las preguntas infantiles sobre sexualidad, la misma que para él no está separada de sus relaciones emocionales con otras personas.

Con estas consideraciones básicas, cabe insistir por ejemplo que los niños no buscan ni necesitan información biológica o datos anatómicos.

Con el fin de establecer un marco teórico científico, recorreremos en una visión paralela global, los diferentes aportes de la psicología hacia la comprensión del desarrollo del ser humano, partiendo de cuatro enfoques interdependientes:

· Desarrollo Sicosexual.

· Desarrollo Sicosocial.

· Desarrollo Cognitivo.

· Desarrollo de la Conciencia Moral.

Desarrollo Psicosexual. (Freud).

Al hablar del desarrollo psicosexual humano, debemos enfocarnos en la manera de relación de la persona con el placer y el conocimiento del mundo.

Podemos reconocer cinco etapas por las cuales el ser humana transita para relacionarse con su medio interno y externo en función con las nociones de placer, deseo y displacer.

Estas etapas son:

· Etapa oral.- Identificable entre el nacimiento y el año de edad.

En esta etapa, el conocimiento del medio y la principal fuente de placer del niño son su boca, su lengua y labios.

Es así como todo lo que va experimentando lo hace desde una exploración oral, reuniendo sensaciones placenteras o desagradables.

Esto se debe a que físicamente sus otros sentidos no se encuentran totalmente desarrollados lo que provoca una indiferenciación con la madre y el medio externo en general.

· Etapa Anal.- En términos generales se la identifica entre las edades de 1a 3 años.

Esta etapa coincide con la madurez de un sistema nervioso que permite el control de esfínteres.

Este “control” también tiene una correspondencia psíquica, al descubrir que se puede retener, controlar y desechar las urgencias físicas, estableciendo una nueva forma de placer: el poder sobre los objetos físicos.

· Etapa Fálica.- Es el despertar a la genitalidad primaria, se identifica entre los 3 y 5 años.

En esta etapa el niño y la niña advierten la diferencia anatómica genital y se “inicia” por así decirlo la curiosidad sexual genital.

Las fantasías infantiles, juegos, dibujos y expresiones tendrán relación con este despertar a la diferencia hombre y mujer.

· Etapa de Latencia.- Ubicada cronológicamente entre los 6 y 11 años. Es quizá la etapa más importante del desarrollo psicosexual, ya que en esta etapa, se introyecta, se ordena, se procesa y se afinan las etapas vividas, sus nociones, sus recuerdos, preparándonos para la consecución del proceso de construcción psicosexual.

La etapa de Latencia, es, por así decirlo, una oportunidad de superar carencias o excesos en las etapas anteriores.

Las edades en la que esta etapa se desarrolla coinciden con los primeros años de la educación escolar.

De ahí la importancia de una formación sexual constructiva, sanadora y respetuosa de los procesos.

· Etapa Genital.- se la identifica aproximadamente entre los 12 y los 18 años (años de escolaridad media).

En esta etapa la conciencia sicosexual se orienta más allá del autoconocimiento y se “abre” al encuentro del otro, como “relación sexuada” o “relación desde la sexualidad”.

Este encuentro no es sencillo y requiere cuidado y orientación, ya que en esta etapa se determinarán finalmente los modelos de identificación masculinos y femeninos.

Es este el momento más frágil de la construcción del la autoimagen, heteroimagen y autoestima.

Como hemos visto en esta rápida explicación de las etapas psicosexuales, la construcción de una sicosexualidad realmente humana es un proceso frágil que requiere tiempo, paciencia, respeto y mucho amor por parte de los que hacemos una labor educadora y formadora.

Cabe indicar que este desarrollo psicosexual no agota la sexualidad, es apenas la base psicofisiológica que nos permiten entender el desarrollo social, cognitivo y moral de la Persona que se Humaniza.

Desarrollo Sicosocial (Erikson).

Este enfoque pretende explicar las herramientas psicosociales que el ser humano va adquiriendo mientras transita las etapas sicosexuales.

Así Erikson identifica cinco momentos de construcción sicosocial:

· Adquisición de la noción de Confianza Básica.

Corresponde con la fase oral. Para el niño es importante la satisfacción de sus deseos: hambre, sed, frío, dolor, etc.

El manejo adecuado en la satisfacción de dichas necesidades provee al niño de la noción de ayuda, esa noción que se convertirá en confianza depositada en la figura materna.

Cabe indicar que la carencia en esta etapa también inaugura la noción de desconfianza y frustración ansiosa en el bebé.

· Adquisición de la noción de Autonomía.

Corresponde a la etapa anal. El control sobre los objetos externos que el niño y la niña experimentan, inauguran la noción de autonomía, lo que provee a esta personita en construcción, una sensación de independencia relativa de corto plazo. En estos intentos independientes, se encontrarán también las nociones de vergüenza, miedo y duda.

· Adquisición de la noción de Iniciativa.

Corresponde a la etapa fálica psicosexual. De la autonomía se pasa al espíritu aventurero, curioso e investigador; la travesura se convertirá en Iniciativa para encontrar respuestas reales o fantasiosas. Mucho de esta búsqueda nos acercará al concepto de culpa, pues muchas respuestas fantasiosas serán culposas.

· Adquisición de la noción de Logro y Laboriosidad.

Al corresponder a la etapa psicosexual de Latencia, es un período importantísimo en el aprendizaje social.

A todo lo recorrido se sumará las relaciones interpersonales propiamente dichas. Se han establecido diferencias individuales lo que puede facilitar o dificultar las relaciones.

Nociones de prestigio, logro y laboriosidad se adquieren en esta etapa. Una orientación o seguimiento inadecuado sembrará las nociones de inferioridad, con las lógicas secuelas en la autoestima así como en la capacidad relacional sexuada que va tomando sus primeras formas.

Insistiremos diciendo que una información sexual inadecuada puede volverse muy perjudicial para el niño, fomentando una sexualización prematura en desacuerdo con su edad, lo cual puede privarle del beneficio de la etapa de latencia, tan importante para fortalecer su proceso de socialización.

Más aun, una educación sexual inadecuada puede poner al niño en una posición más vulnerable a todas las formas de abuso sexual, frente a las cuales no encuentra medios de protección.

· Adquisición de la noción Identitaria.

Hemos llegado al punto culminante de la construcción psicosocial, correspondiente a la etapa sicosexual genital.

En esta etapa (adolescencia), la búsqueda de identidad, nos llevará a descubrir las afinidades, las ilusiones, idealizaciones y demás sentimientos que están llamadas a ser semillas que germinarán en las primeras formas de amor, entrega, sacrificio, respeto, etc.

¿Quién soy? Será la pregunta básica que guiará al adolescente en esta búsqueda determinante para sus futuras relaciones personales.

Respecto a la adolescencia, la problemática de la sexualidad cambia. Las consecuencias de una mala educación sexual no suelen ser tan obstructoras cuando las etapas anteriores del desarrollo infantil fueron respetadas.

Sin embargo, hay que observar que jamás la educación sexual como se la ha llevado hasta hoy, ha servido para prevenir enfermedades de transmisión sexual o embarazos prematuros.

Incluso, se puede pensar que un programa de educación sexual que promueve comportamientos sexuales aleatorios con técnicas, gimnasias y posiciones propias al acto sexual, obtiene efectos inversos a los de una prevención sana.

Desarrollo Cognitivo (Piaget).

Este aporte de la psicología Cognitiva, nos ayuda a comprender que los temas y contenidos del programa de formación sexual, debe estar adecuado a las capacidades de comprensión y conocimiento de la persona en formación.

Así podemos citar cuatro etapas:

· Período Sensorio-motor (0-3 años)

Sobre este período diremos que la comprensión de la realidad está limitada a sensaciones agradables y desagradables con una indiferenciación entre el Yo y el No yo, de tal manera que, por ejemplo, la madre (empezando por el pecho materno) es vivida como una extensión de sí mismo proveedora de sensaciones placenteras.

· Período Pre-operacional (3-5 años).

La diferenciación Yo- No yo, se ha establecido. Esto permite la vivencia y comprensión de lo externo e interno. Lo propio y lo ajeno es una cuestión protagonista en esta etapa. La comprensión del mundo se basa en la capacidad de controlar y poseer el mundo externo.

· Período de Operacional Concreto (6-11 años).

Las primeras nociones de aprendizaje conceptual se desarrollan en esta etapa, siendo privilegiado el aprendizaje lúdico y con material tangible, lo que llevará a las primeras conclusiones básicas.

La malla curricular del presente proyecto de Formación Sexual, deberá guardar absoluta coherencia y respeto con las etapas que estamos citando para no forzar o tergiversar las nociones interiorizadas.

· Período Operacional Abstracto o formal (12-18años).

Es apenas en esta etapa, cuando los conceptos, contenidos y experiencias están listos para ser enfrentados a una construcción paradigmática de principios y valores trascendentales.

En otras palabras, el sentido de las vivencias (entre ellas la sexualidad) se buscará y procurará en esta etapa.

La trascendencia de nuestras decisiones que nos orientan definitivamente a ser Sujetos de Derechos y Responsabilidades (dos conceptos que, por cierto, no pueden ni deben separarse).

Desarrollo Moral (Kohlberg).

Y no podíamos terminar este análisis sin advertir este aporte de la Psicología antropológica-social.

Diremos que Kohlberg destaca tres fases de este desarrollo cuyo culmen será la interiorización y vivencia plena de los valores, los derechos y las responsabilidades.

· Etapa Pre-moral.

Tiene su correspondencia cronológica con la etapa sicosexual fálica (3-5 años). Las nociones de bueno y malo se basan en el control y comprensión del mundo externo.

La inviolabilidad de la propiedad privada parecería la noción rudimentaria predominante. El compartir se vuelve bueno basado en esta noción de propiedad.

· Etapa Moral Convencional.

Hacia la edad escolar (6-11 años) la asunción de reglas sociales, límites espaciales, jerarquías sociales y ciertos deberes urbanos de nuestra cultura civilizada que busca ser humanizante, deben ser transmitidas y cultivadas en la mente y el corazón de los niños y niñas.

Los “por qué” deben ser respondidos con sinceridad, aún advirtiendo que existe todavía una gran cuota de fantasía que debe ser respetada como un espacio transicional entre el mundo interno y el externo. Pero dichas respuestas sinceras deben tomar en cuenta las necesidades evolutivas sicosexuales, sicosociales, cognitivas y morales del niño.

· Etapa Moral Interiorizada (ética).

El sentido mismo de la Ley Natural y la construcción de un proyecto de vida centrado en la escala de valores nos permiten ubicar y vivir nuestra Sexualidad plenamente interiorizada, conocida y disfrutada en su justa dimensión relacional.

Es al final de esta etapa, si está bien dirigida y nutrida, que entendemos que el sexo es bueno porque es nues­tro modo de ser.

Llegado el momento, nos posibilita una comunicación ex­traordinariamente grande: TRANSMITIR LA VIDA. Y esto es algo muy especial.

Que la sexualidad tenga que ver con el nacimiento de una persona como nosotros mismos es uno de los aspectos más impactantes de nuestra Sexualidad.

A continuación presentamos un cuadro comparativo para mejor comprensión de este análisis psicofísico del desarrollo de la Sexualidad Humana:

FREUD

Etapas psicosexuales

ERIKSON

Etapas psicosociales

PIAGET

Etapas cognitivas

KOHLBERG

Etapas de Moralidad

Etapa oral

(0-1)

Confianza básica vs desconfianza básica

Sensorio-motor

Etapa anal

(1-3)

Autonomía vs vergüenza y duda

Etapa fálica

(3-5)

Iniciativa vs culpa

Pre-operacional

Pre moral (control externo)

Etapa de latencia

(6-11)

Laboriosidad vs inferioridad

Operaciones concretas

Moralidad convencional

(agradar a otros)

Etapa genital

(12-18)

Identidad vs confusión de roles

Operaciones formales

Principios morales auto-aceptados

¿Y en todo esto, dónde se ubica el placer?

LA FUNCIÓN DEL PLACER.

Como diría I. Gastaldi: “El placer es una resonancia afectiva agradable que a compaña la satisfacción de las tendencias. El que brinda la actividad sexual está en el vértice del placer sensible y le confiere a la sexualidad carácter festivo” I. Gastaldi, “Sexualidad”, 1988.

En la medida en que la experiencia del placer se realiza con otro a quien se desea igualmente hacer feliz, cada uno experimenta con el otro una comunicación profunda y fugaz, una experiencia de plenitud y felicidad.

Cuando se habla del “éxtasis” de placer, podemos reflexionar sobre el sentido etimológico de esta palabra, el individuo sale de sí mismo para perderse en el otro.

El placer es una cosa buena, pero el hombre puede usar mal las cosas buenas, como en el caso de la violación o la prostitución.

No basta, por tanto, que el placer sea bueno, es necesario que la persona que ama sexualmente, sea buena, de lo contrario impregnará el placer de violencia, egoísmo, culpabilidad morbosa y demás elementos falsificadores de la inocencia del placer.

Si se busca el placer por sí mismo una y otra vez, caerá rápidamente, como sucede con las drogas, en el peligroso círculo de una insaciable repetición, con el fin de superar, en cada nuevo intento, las incesantes y cada vez más profundas frustraciones.

La idolatría del placer pone al hombre en el monólogo hedonista de convertir al otro en objeto de posesión.

El placer sexual está llamado a ser factor de comunión. El placer deja de ser humano si no se abre en doble vía:

· Primero a reconocerlo como placer tridimensional, es decir que transcurre en tres niveles para su plenitud:

o El placer de las sensaciones.- Es más bien físico, y responde a nuestra dimensión corporal sexuada, nuestros deseos biológicos y reproductivos.

o El placer de las emociones y sentimientos.- Corresponde a nuestra dinámica sicosocial, nuestros anhelos, sentimientos y necesidades afectivas, es n placer ligado a la ternura, a la autoestima, y al encuentro emocional con el otro, más allá de la reproducción.

o El placer de la ética y las dimensiones trascendentales.- corresponde a una realidad distinta de las anteriores, trasciende el deseo inmediato y mediato para “extasiarse”, es decir ir más allá de sí mismo hacia la comprensión, encuentro y vivencia del amor humano, esta es la expresión plena del Placer sexual humano, pues es el amor quien lo sostiene como humano.

· En segundo lugar, es necesario reconocer al “placer sexual” como la expresión de un lenguaje con repercusiones sociales, históricas y transpersonales, es decir, es necesario desarrollar la habilidad de responder (responsabilidad) a los desafíos sociales y los paradigmas muchas veces falsificados en los cuales dicho placer transita.

La felicidad tan anhelada tiene mucho más que ver con la vivencia del amor que con el placer vulgarmente conocido, el de las sensaciones.

Creo que es el momento adecuado para citar a una brillante amiga, la Dra. Marie Marie-Astrid Dupret, Directora de la Fundación Psicoanálisis y Sociedad, quien reflexiona sobre algunas alternativas de “educación sexual” que se presentan desde determinados movimientos políticos postmodernos:

“Al hablar de un programa educativo, es necesario establecer claramente el fin que tiene. Ya que educar habla de un sujeto en quien se debe fomentar un pensamiento crítico y capacidad de decidir, fomentando también los valores éticos, pues la conducta sexual no puede estar disociada de lo axiológico en el ser humano, y más aun cuando se trata de niños y adolescentes.

En este sentido la educación sexual, no puede estar aislada de la educación en general, de la formación del ser humano y del proceso de socialización. Por estos motivos, es necesario que la educación sexual acompañe al proceso de creatividad y de sublimación, enmarcado dentro de la cultura.

Estas observaciones nos llevan por último a recalcar la necesidad de una definición de objetivos políticos y sociales precisos, con las aclaraciones indispensables respecto al bagaje socio-cultural que se quiere promover.

Una sociedad de consumidores, incluyendo el consumo del sexo con todas las taras vinculadas, como la pedofilia, para no mencionar todas, frente a una sociedad con valores sociales valga la redundancia, en la cual la calidad del tejido sociocultural es más importante que los intereses egoístas del mercado y las comodidades materiales del individuo, es la alternativa que se nos presenta aquí y ahora, y que los educadores debemos elegir para reproducir tal o cual paradigma en nuestros educandos.”

Estas reflexiones nos recuerdan nuevamente la necesidad de ubicar el plan de educación sexual frente a la escala de valores, de tal manera que responda al desarrollo total y holístico de la Persona Humana.

Es así como, respetando las etapas, necesidades y expectativas de niños, niñas, adolescentes y jóvenes; el sistema educativo debe proveer la información biológica, fisiológica, sociológica, sicológica y espiritual necesarios para la construcción de personas y comunidades de bien, capaces de procurar y procurarse felicidad, amor, esperanza, fidelidad, etc.

IDENTIDAD SEXUAL Y GENERO.

Concluiremos señalando que no se puede hablar de Sexualidad Humana sin acercarnos a sus expresiones mutuamente complementarias, Lo Femenino y Lo masculino.

Al abordar este tema, abundan la “acusaciones” que denuncian estos conceptos (femenino y masculino) como productos culturales, históricos, filosóficos, que devienen en comportamientos psicológicos. Frente a estas “denuncias” la respuesta es una: ¡es cierto! Pero no del todo, y una verdad dicha a medias, es una mentira.

GRACIAS a nuestra capacidad humanizante y humanizada, hemos construido una cultura, una historia, una filosofía (es propio de la postmodernidad pretender la negación de las construcciones sociales y el relativismo de toda norma).

Primero, hay que señalar un punto importante; estas construcciones sociales, filosóficas y culturales parten del despertar de una auto y heteroconciencia.

Una autoconciencia que advierte nuestra condición sexuada masculina o femenina, desde nuestros niveles celulares, nuestra anatomía, fisiología, psicología, etc. y partiendo de ella determina roles y funciones tribales, comunitarias y sociales.

Y una heteroconciencia que, al desarrollar la capacidad de contemplación de la naturaleza, fue comprendiendo la Ley Natural, la Ley causa-efecto y finalmente la vocación de trascendencia que nos refiere hacia el infinito, la historia y la creación.

Una vez hecha esta puntualización, retomaremos este acercamiento a Lo Femenino y Lo Masculino.

La pregunta fundamental que se plantea en este tema, no es solamente sobre los elementos que nos llevan a pensar, sentir y actuar en “femenino” o “masculino”, sino sobre los procesos que, a partir de la integración de elementos psíquicos tanto “femeninos” como “masculinos”, nos hacen plenamente humanos.

Es decir, no sólo importa entender cómo se estructuran las sexualidades masculina y femenina, sino es esencial comprender y valorizar estas sexualidades como camino de trascendencia, encuentro, diálogo, relación y realización humanas.

Pese a que las nociones de Masculino y Femenino parecen desvanecerse como categorías rígidas de demarcación de universos diferentes, opuestos y excluyentes, los ideales de masculinidad y femineidad que podríamos llamar tradicionales han cambiado o están en proceso de cambio.

En estos tiempos posmodernos, en que mujeres y varones parecen ya no ser lo que eran, coexisten sin embargo lo tradicional y lo innovador tanto entre los actores como dentro de la propia subjetividad.

Pero esta coexistencia es conflictiva, ya que los tiempos subjetivos no son los mismos que los tiempos históricos, y no siempre las prácticas innovadoras se acompañan de la apropiación subjetiva de estos cambios.

Nos encontramos con una paradoja, una lucha entre el SER y el PARECER. Entre nuestra sexualidad masculina o femenina y lo que se espera de nosotros acorde a los tiempos postmodernos.

Con base en esto, nos preguntaremos primero: ¿qué se espera de los hombres y mujeres en la postmodernidad?

La sexualidad, bien entendida, además de estar marcada por la historia individual, de cada uno, extiende su influjo a los diversos niveles de la vida social, económica y política, los cuales, a su vez, condicionan la vida sexual.

Advertiremos en este punto nuestro objetivo principal en el actual proyecto en cuanto a las nociones de género; rescatar, revalorizar y clarificar a riqueza de cada uno de los géneros, estableciendo la dinámica dialéctica y complementaria desde la cual se entiende la dinámica del núcleo de la sexualidad y sus actos, el amor.

Ser mujer y ser hombre, implica ante todo, descubrir como esta condición y existencia, nos permite la construcción de relaciones y diálogos humanos.

Actualmente se establece una diferencia conceptual importante entre sexo y género, siendo el primero, el legado biológico, anatómico y fisiológico que viene determinada por la naturaleza, pero cuando de género se habla, nos referimos a la construcción Sico-socio-espiritual edificada sobre el sexo.

Uno de los estudios científicos más relevantes que se ha hecho sobre la sexualidad femenina y masculina ha sido el realizado por F. J. Buytendijk y P. Lersch, publicado en la segunda mitad del siglo XX en las obras “Sobre la esencia de los sexos” y “La mujer; naturaleza, apariencia, existencia”.

Estos 2 científicos, analizaron el sustrato natural del hombre y la mujer, y llegaron a interesantes conclusiones.

Observando la forma y el comportamiento de las células sexuales (espermatozoide y óvulo) así como la estructura y funcionamiento de los órganos sexuales externos, concluyen que el varón, naturalmente está ordenado a una actitud centrífuga (desde a dentro hasta afuera), mientras que la mujer está ordenada naturalmente a una actitud más receptiva y centrípeta (desde afuera hacia adentro).

De la estructura del cuerpo y sus movimientos, deducen que el varón tiene un cuerpo equipado para dominar amplios espacios, para realizar trabajos fuertes y superar obstáculos difíciles (esqueleto más robusto, músculos más desarrollados, mayor anchura de la espalda, etc.), esto está acompañado de un modo de conocer más analítico, conceptual, objetivo, orientado a metas específicas y pensamiento estratégico.

De acuerdo a estas conclusiones, se podría decir que el varón vive más en el mundo de las cosas que en el de las personas.

Por otro lado, la mujer está mejor preparada para dominar un espacio reducido y un trabajo físico más ligero. Su forma de conocer el mundo es intuitivo, imaginativo, mucho más que el varón y está dotada de una fina sensibilidad por el detalle, lo que le lleva a cultivar principios como la armonía y la belleza; así también esta sensibilidad la prepara para el cuidado de seres vivo, (especialmente humanos) y a buscar la convivencia por la convivencia misma. De ahí evoluciona fácilmente a una actitud maternal. El conocimiento de la mujer con respecto al mundo es más subjetivo que el varón, y se interesa más por la realidad individual, la singularidad, que por las leyes generales.

Por todo esto se puede afirmar que la mujer vive más en el mundo de las personas que en el de las cosas.

En el comportamiento sexual la mujer siente su sexualidad de una manera más difusa y extendida por todo el cuerpo, mientras que el varón, por el contrario, la siente focalizada, como concentrada en sus órganos genitales.

Estas conclusiones de de Buytendijk y Lersch aportan las primeras bases de nuestro entendimiento sobre el género. Es indispensable para este entendimiento partir de las bases naturales, pues aunque a veces la cultura se sobrepone a la naturaleza, parece innegable que hay diferencias psicológicas que son efecto de la estructura y no simple producto de la cultura. Es más, el límite entre lo cultural y lo natural es muy difícil de establecer, ya que en la persona humana la sexualidad es más bien un continuo diálogo.

Al empezar el siglo XXI, muchas cosas van cambiando vertiginosamente. El sistema patriarcal y androcéntrico agoniza y será enterrado a corto plazo.

Estamos en camino hacia un nuevo y difícil equilibrio. Muchos pasos se han dado para entender la necesidad de recuperar la dignidad tanto del varón como de la mujer. Se ha de aplaudir todo lo que se haga en este sentido. Pero se ha de pronunciar un enérgico “no” a una falsa “igualdad de los sexos” que como decía Balague: “a fuerza de mimetizar a la mujer con los roles masculinos, la hacen repudiar o renunciar a las vitales funciones de la maternidad”. E. Balague, “Orientaciones para la educación sexual”, 1988.

Por todo lo expuesto estableceremos la principal premisa para entender la sexualidad masculina y femenina: Los sexos no son iguales, no son opuestos, son complementarios, están diseñados para dialogar, compartir (no competir) y construir juntos la comunidad y sociedad realmente humana.

Como diría Napoleón: “Dios quiso ser escritor: su prosa es el varón, su poesía la mujer”.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

1. GASTALDI I. y PERELLÓ J. “Sexualidad”, Ediciones de la PUCE, Quito – Ecuador, 1989.

2. GASTALDI I. “El Hombre un Misterio”, Ediciones Don Bosco, Quito – Ecuador, 1990.

3. SAAVEDRA A. “Formación de la conciencia en Valores”, Editorial Mendieta, Quito – Ecuador, 1990.

4. GASTALDI I. “Educar y Evangelizar en la Postmodernidad”, Ediciones Don Bosco, Quito Ecuador, 1990.

5. VATICANO II., Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual”, N° 46-52.